EL MEZCAL: REGALO DEL CIELO

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La historia de esta planta nace con una leyenda que cuenta que un rayó cayó sobre un agave y lo quemó. El sabor azucarado de la piña tatemada o cocida fue todo un descubrimiento para los antiguos pobladores de Mesoamérica que lo consideraron un regalo de los dioses. La palabra “mezcal”, del náhuatl “mexcalli”, significa precisamente “maguey cocido”.

Existen evidencias de que los pobladores de la región consumían el agave o maguey desde hace por lo menos 8 mil años. En cuevas de los Valles Centrales de Oaxaca los arqueólogos han encontrado restos de hojas mascadas de agave.

 

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A la llegada de los españoles, el pulque era la única bebida alcohólica que se conocía por estas tierras. Los españoles habían aprendido el proceso de destilación gracias a la herencia tecnológica recibida por parte de los árabes que durante ocho siglos dominaron parte de la península Ibérica. Una vez que el proceso de destilación se empezó a practicar en La Nueva España, surgieron bebidas de alto grado alcohólico generadas con el agave, entre ellas, el vino de agave o vino de mezcal, de donde surgió el tequila (elaborado solo con agave weber o azul), una de las variedades del mezcal.

A partir de entonces, el mezcal comenzó a ser usado en rituales sociales y religiosos sobre todo por los indígenas del suroeste del país aunque el agave tiene presencia en 28 estados de la república mexicana.

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El agave o maguey es parte de la identidad mexicana. En muchas ciudades de México (Oaxaca y Guadalajara, por ejemplo) esta planta decora las calles, aeropuertos y casas como parte de la identidad nacional reconocible en todo el mundo.

Sin embargo, durante mucho tiempo el mezcal formó parte de esas bebidas alcohólicas arrinconadas a cierto sector de la población. El tequila, que también vivió un momento similar hasta que empezó a difundirse fuera de México de manera masiva y permanente, acaparaba todo el mercado entre los destilados nacionales que se bebían lo mismo en cantinas de barrio que en elegantes bares o pubs para público joven con poder adquisitivo.

No fue sino hasta hace poco más de una década que el mezcal apareció en los lugares más insospechados. De venderse en garrafas sin etiquetas y de procedencia desconocida (creado por las manos expertas de artesanos locales de Oaxaca o Guerrero que no tenían la intención de comerciarlo a gran escala), un grupo de empresarios empezó a preparar sus propias marcas de mezcal elaborado por los maestros mezcaleros de los distintos estados con denominación de origen y a venderlo en botellas elegantes, de presentación original y bien diseñadas, que invitaban a conocerlo.

Las malas leyendas que inopinadamente existían alrededor de esta bebida fueron disipándose de manera paulatina, a medida que aumentaron las marcas de mezcal artesanal, la calidad de su sabor y de su presentación, y a medida también que los consumidores fueron adquiriendo gusto por esta bebida que ahora, más que nunca y más que el tequila, se asocia con cierto sector de la población joven dispuesto a experimentar con nuevas marcas y variedades espirituosas.