Domingo en el Corredor Cultural Roma-Condesa

Por Andrea Mendoza @andiedice

Caminar por la Roma y la Condesa es, generalmente, una experiencia agradable. Mejor es caminar por estas zonas y encontrarse con propuestas artísticas novedosas, lugares interesantes para comer y hasta fiestas en las azoteas. Eso es lo que el Corredor Cultural Roma-Condesa nos ofreció este año.

13020043_10208167756525190_1476475003_nDeambulé por Sonora sin dejar de mirar a los transeúntes acompañados de sus mascotas, hasta que algunos ritmos musicales anunciaron que estaba a punto de llegar a mi destino. Pasé las puertas que se alzaban sobre mis hombros y contemplé el graffiti en construcción que me acercó a mi objetivo: el Local Mil Ochocientos.

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Sobra decir que el espíritu del Tequila 1800 llenaba todos los espacios, desde las prendas que colgaban de las perchas de los primeros locales, hasta las revistas y libros del fondo; la totalidad del lugar invitaba al arte, a convivir, a disfrutar todas las posibilidades de un domingo fuera de casa. Al centro, justo en dónde la atención se concentraba, estaba el epítome del concentrado de gente, una obra de Luis Carrera-Maul titulada Esfera Cromática.

Salí embelesada, abrí el mapa y crucé a pie el Parque España, me dirigí con firmeza, lenta pero decididamente. Después de media hora de pasos asoleados, supe que había llegado. Desde la acera opuesta podía percibirse el ambiente, bastaba con mirar hacia arriba para descubrir que el día distaba de terminar.

Artesanías, alebrijes, cerámica y la descripción del proceso mezcalero cobraron vida, sinestesia de la mexicanidad en toda su expresión en apenas los tres pisos que me llevaron a la azotea. Y como en todo lugar donde haya más de dos b13045516_10208167757005202_1609832325_nebidas a degustar, los pretextos sobraron cuando “La Furia con Lujuria Sonidera” se encargó de animar a los invitados que disfrutaban de la improvisada fiesta en el techo del inmueble.

En todos lugares se leía “Mezcal El Terco”, en las paredes, en las botellas, en las caras sonrojadas de los que habían cedido su cuerpo a la música. Era inevitable, para cada uno de los asistentes, sentir la necesidad de caminar hasta el grupo y apoderarse del güiro: yo lo hice.

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Después de algunas horas el silencio nos invadió y asimilamos que era hora de partir, antes de abandonarme al preámbulo del inicio de semana platiqué con una de las representantes del mezcal. Supe que “El Terco” no es sólo uno más en el mercado, encarna una colaboración entre artistas, artesanos y agaveros, es el símbolo y rescate de las tradiciones oaxaqueñas. Cada parte de la botella y del mezcal reconstruye la mexicanidad, la toma y la resignifica.

Partí con un buen sabor de boca emocional, con mi iniciación en el mundo de la cumbia y con los dos destilados que lideran mis gustos etílicos: el tequila y el mezcal.