Paella, un platillo que se disfruta en ambos lados del Atlántico

Por Andrea Mendoza @andiedice

Los acordes de un concierto flamenco, los olores y las notas de un buen tinto me llevaron hasta la Hacienda de los Morales para encontrarme con el Festival de Paellas y Vinos.

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Me recibió uno de los recintos que con mayor soltura es capaz de compaginar con la ciudad. En el jardín del fondo, la carne, los mariscos y el arroz comenzaron su cometido en cuanto sintieron los efectos del fuego y se mezclaron con armonía ante la sorpresa de quienes, atónitos, esperábamos degustar uno de los platillos más icónicos de la gastronomía peninsular.

Para no impacientar el apetito de los comensales, en el pasillo que posteriormente nos conduciría a las paellas, se alzaba una mesa coloreada de ingredientes que permitían a los invitados expresar su creatividad y depositarla en sus platos a manera de ensalada.

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El brindis, encabezado por el presidente de la Cofradía Nacional de Arroz, terminó con la espera y los miembros de dicha cofradía, que a pesar de no ser chefs nos deleitaron con sus mejores recetas, retiraron uno a uno el papel aluminio de las paelleras.

Los sabores iban desde la tradicional mediterránea preparada con azafrán, hasta la paella negra pigmentada con tinta de calamar presentada por Rodrigo Flores, chef de la Hacienda de los Morales. Platos iban y venían entre las manos y  los paladares, que alternaban entre las 12 opciones y el vino tinto.

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Al compás de una estudiantina, desfilaron los postres sobre las mesas que, satisfechas de la comida, se adornaron con la dulzura de los postres inspirados en el país ibérico. Mi estancia en la Hacienda de Los Morales fue un viaje fugaz a España, que se complementó con la sazón y alegría que caracterizan al talento mexicano

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