SaborEs Polanco 2016

Por Andrea Mendoza @andiedice

Cosas increíbles resultan de la mezcla de buena comida, buenas bebidas y buen ambiente, así fue SaborEs Polanco 2016.

Este evento que celebró su tercera edición es un ejemplo perfecto de celebración y altruismo, ya que todo lo recaudado se destinó a apoyar a la Fundación CIMAB. Llegué al Campo Marte justo cuando la ceremonia inaugural iniciaba, e incluso desde ese momento ya se sentían las ganas de adentrarse a cada uno de los stands. Más de 50 restaurantes y los mejores chefs juntos en un sólo lugar que, a manera de mercado gourmet, ofrecía un espacio a cada uno de ellos.

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Decidí dar una vista rápida a todos los puestos antes de dejarme llevar por la promesa de los olores que yacían en el aire. Después de degustar con los ojos cada platillo me prometí que no saldría de ahí sin unos kilos de más. No tracé ruta ni me puse orden, simplemente caminé a través de la gente, las copas y los platos.

Era imposible no fijarse en las brasas, la carne y el color del vino. Al ritmo de Clocks me rendí y tomé mi primera copa, le precedió un taco de cecina enchilada: ahí firmé mi sentencia. Procedí a alentar el paso, tanto físico como culinario, miré a la gente mientras un tuétano rebosaba en mi plato y otra copa se llenaba en mi mano. Sobra decir que todos disfrutábamos de la música y la comida mientras filas de gente se arremoliban en los distintos spots.

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Todos tuvimos la oportunidad, además de recorrer los mejores restaurantes de Polanco en un sólo día, de convivir con el alma y creatividad de cada uno de ellos. Podías recibir el próximo platillo directo de la mano de los chefs, y si eras bastante astuto, incluso podías pedirles recomendaciones. Y como no es posible comer sin beber, el lugar también ofrecía una interesante variedad de bebidas, desde ginebra, ron y mezcal, hasta agua, cocteles y vinos. Todo servido de la mano de los mejores mixólogos y embajadores de marca.

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Una gran tarde merece un gran cierre, cuando supe que mi estómago merecía algo dulce, me dirigí a los postres. Ingerí cada bocado a sabiendas de que mi experiencia estaba a punto de terminar y disfruté como nunca el último plato.

El asta soportó la magnificencia de la bandera en tanto yo caminaba lenta y satisfecha hacia la salida. Desde entonces cuento las horas para encontrarme con Campo Marte y regresar a ese mundo gastronómico.