AC/DC | (Antes de la cerveza/ Después de la cerveza)

 

Por Arturo Flores @ArturoElEditor

EN LA TRADUCCIÓN AL CASTELLANO DE SU LIBRO AUTOBIOGRÁFICO CONFIESO QUE HE BEBIDO, OZZY OSBOURNE ESCRIBE: “BLACK SABBATH ERA UNA BANDA PARA TÍOS”. SEGÚN SU CANTANTE, A LOS PRIMEROS CONCIERTOS DE LOS PADRINOS DEL HEAVY METAL SÓLO IBAN HOMBRES. “NOS TIRABAN COLILLAS Y BOTELLAS DE CERVEZA, NO ROPA INTERIOR”.

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Desde entonces la música pesada ha estado inevitablemente relacionada con el consumo de cerveza. Algunas cosas han cambiado desde los 70. Ahora más chicas asisten a conciertos de heavy, incluso militan en grupos como ejecutantes y el machismo que caracterizó a muchas de sus canciones emblemáticas, se ha ido diluyendo con el paso del tiempo. Lo que no cambia son las cantidades industriales de cerveza que se bebe en los conciertos de rock duro. Sólo que ahora las chicas aportan su cuota. Un amigo que trabaja una cervecera me contó que en un fin de semana de Vive Latino se consumen alrededor 500,000 litros.

No me refiero a que otros géneros musicales no se refresquen con el mismo bálsamo, pero definitivamente no con la misma profusión que el heavy. El jazz se lleva mejor con el vino y hasta existe una variante de punk llamada straight edge, cuyos militantes se distinguen por tres conductas: no beben alcohol, no consumen drogas y no tienen sexo promiscuo. Los tres pasatiempos que más disfrutan los metaleros de hueso colorado.

La cerveza ha servido como musa inspiradora para célebres canciones en las que la estridencia se combina con el placer de la bebida. La que más me divierte es A girl called cerveza, del disco del mismo nombre lanzado en 2012 por la banda alemana Tankard. Se trata de cuatro thrasheros que componen canciones inspiradas en el alcohol. En este disco le escriben un tema a la que es la consentida de muchos de nosotros. En honor a sus días de estudiantes, cuando introducían a la escuela cartones de leche rellenos de cerveza, cuentan la historia de una mujer que emborracha al narrador y después de tener sexo con él, se larga al amanecer llevándose hasta la última lata del refrigerador.

“Cuando le conté mi historia a los policías, resulta que la conocían,
había sido acusada de hurto de cerveza, y lavado de cerebro”.

A los melómanos la cerveza nos brinda una forma particular de conocer el mundo. Yo, en lo personal, he decidido beber por lo menos una en todos los bares que visito cuando viajo. Bebí una Blue Moon en la barra del Viper Room en Sunset Strip, el sitio en el que el vocalista de los Counting Crows, Adam Duritz, trabajó como bartender, que cuenta con un tubo de pole en el camerino y en cuya puerta murió el actor River Phoenix, víctima de una sobredosis. También me tomé una caña en El Pentagrama, la cervecería madrileña mencionada en la canción La chica de ayer, de Nacha Pop. Y por supuesto, no dejé pasar la oportunidad de disfrutar de una pinta de Guinness en un pub de Camden Town, el barrio londinense del que emergieron artistas como Amy Winehouse y que es mencionado en el tema Fame and Fortune de The Libertines.

La cerveza igualmente tiene un rostro fetichista. Cuando mi amigo Rodrigo Olguín, cantante y guitarrista de Wolfskin, y yo tuvimos la oportunidad de conocer a Paul Di’Anno, el primer vocalista de Iron Maiden, no teníamos papel donde nos regalara su autógrafo. Le pedimos entonces que nos firmara unas latas vacías de cerveza. La de Rodrigo sólo le duró dos días. La señora que asea su departamento no vio en aquella pieza aluminio un objeto de culto sino un desperdicio… y la echó a la basura.

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Iron Maiden, por cierto, tiene su propia cerveza. Bautizada como uno de sus grandes hits, la Trooper es bastante popular entre los seguidores del grupo, porque en su etiqueta aparece Eddie, la infaltable mascota de los británicos. Otros que lanzaron su propia etiqueta son los AC/DC. Aunque soy un apasionado consumidor de sus canciones, no me he atrevido a beber de su lata.

Temo que sea la manera de brindar por la muerte del heavy.

Hace dos años Malcom Young, su guitarrista rítmico, fue dado de baja de sus filas por padecer demencia senil. Y recientemente se dio a conocer que el vocalista Brian Johnson no pudo continuar la gira porque empezó a perder el oído. Tampoco me atreví a ir al concierto de Iron Maiden, el primero en México desde que el cantante Bruce Dickinson superó el cáncer. Mis amigos dicen que lo encontraron muy disminuido. En septiembre de 2015 se confirmó que Black Sabbath dará su última gira.

Muy pronto tendré que probar esa cerveza y como dijo Cristo cuando se dio cuenta que su padre no le apartaría de la boca ese cáliz, pronunciaré: “hágase tu voluntad”.

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