El futuro del vino mexicano recae en nuestras costumbres

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El panorama del vino en México crece impresionante mente. Tenemos cerca de mil diferentes vinos, de más de 250 bodegas, en nueve estados productores.

Por: Andrés Amor

En México vivimos una fiebre del vino, un producto cuyo consumo crece en un 12% anual en nuestro país y que cada día nos empapa más de su cautivante mundo. Sin embargo, esperemos que en un futuro tengamos un horizonte mejor, donde se vislumbre al vino como una opción saludable para acompañar a los alimentos del diario. Pero para lograr esto, se necesita una titánica labor basada en la cultura y la paciencia. Sí, paciencia, porque es un proceso largo y depende de un sinfín de factores para avanzar.

Cultura, porque es el único camino para cambiar preceptos: modificar la noción que se tiene de que el vino es una bebida alcohólica más; corregir la percepción de un producto esnobista por la de uno que proviene del campo; entender que se trata de una bebida cuyo fin es un disfrute porque murmura aromas y sensaciones que nos transportan a lugares de nuestra memoria, y su consumo responsable saca lo mejor de nosotros. Para lograr esta cultura debemos tomar todos los elementos posibles de países con verdadera tradición de vino como Francia, Italia y España.

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Sin embargo —y en esto estriba el éxito de esta cruzada—, debemos adaptarlas y traducirlas a nuestras costumbres y formas: dejar de usar descriptores aromáticos para nuestros vinos como el casis o el regaliz, pues no forman parte de nuestra cultura. Empecemos a describir los olores con elementos propios como el capulín o la flor de jamaica. Cambiemos el pomelo por la toronja, el melocotón por el durazno. Entendamos que los aromas del vino son recuerdos personales.

Sólo los podemos reconocerlos mediante nuestros propios recuerdos, es decir, nuestras propias experiencias. Es por ello que no podremos identificar el regaliz si no lo tenemos en nuestros recuerdos, al igual que un europeo no reconocerá el capulín si no lo ha probado antes. En el caso del maridaje pasa lo mismo, cambiemos el faisán por el guajolote.  Aprendamos que los tacos, nuestros tacos, sopes o quesadillas pueden lograr armonías estupendas con los vinos. Entendamos que nuestra cocina es digna de cualquier bebida y de los más elegantes vinos.

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Dentro de la creciente ola de bodegas de vino mexicano me he encontrado con muchas sorpresas, las grandes bodegas como Casa Madero, Santo Tomas y l.a. Cetto, entre otras, siguen exigiéndose más para tener cada vez mejores vinos. En ellas encontraremos precios accesibles y con calidad. Buena parte de las características del vino dependen de las condiciones climatológicas que varían cada año.

A continuación enlistaré bodegas y proyectos que considero muy prometedores y que me han cautivado enormemente porque les veo un gran futuro y que vale la pena probar: • Bodega AltoTinto del Valle de Santo Tomas, en Ensenada, Baja California. • Bodega Concierto Enológico del Valle de Guadalupe, en Ensenada, Baja California. • Bodega Salto de Fe, en Ensenada, Baja
California. • Bodega Henri Lurton del Valle de Guadalupe, en Ensenada, Baja California. • Bodega Torres Alegre y Familia del Valle de Guadalupe, en Ensenada, Baja California. • Bodega Encinillas del Valle de Encinillas, en Chihuahua. • Bodega Don Leo, en Coahuila. • Bodega Santa Elena, en Aguascalientes. • Cuna de Tierra, en Dolores, Hidalgo,
Guanajuato. • Bodega San Juanito en Peña de Bernal, Querétaro.

Enhorabuena por estas jóvenes bodegas orgullosamente mexicanas que sabemos que tienen un largo camino por recorrer, pero que sin duda empezaron con el pie derecho. ¡Por la cultura del vino en México!