EL TRAGO FAVORITO DE FAULKNER

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Por Adán Medellín @adan_medellin

SEA BOURBON, RYE O ESCOCÉS, NO PODEMOS OBVIAR LAS GRANDES HISTORIAS Y PERSONAJES LIGADOS AL WHISKY. DE JACK LONDON AL MINT JULEP QUE INSPIRABA A WILLIAM FAULKNER, DEL BLUES AL COUNTRY, ESTA BEBIDA NOS HA DADO LETRAS, MÚSICA Y UNA CULTURA PUJANTE.

Lo había bebido antes, pero mi verdadero bautizo ocurrió más tarde, durante un viaje iniciático a Lynchburg, Tennessee, la patria donde se fabrica el bourbon Jack Daniel’s desde hace casi 150 años. Ahí aprendí cosas básicas sobre el whiskey (o whisky, según su procedencia): su división en bourbon, rye o scotch; su proceso de elaboración y, sobre todo, la impresionante cultura que rodea a una bebida que es toda tierra, letras y música.

Lo confieso. Me encanta el whiskey. Dando por sentado su sabor y su excelente coctelería, si existe un atributo que adoro es su historia y las historias que viven y beben de él, esas anécdotas donde es protagonista o aliado. Se cuenta que el legendario Jack Daniel’s probó siete veces hasta dar con la fórmula de su famoso No. 7. Jack London, escritor, agitador social y aventurero consumado, escribió una genial autobiografía de sus andanzas con el whiskey en John Barleycorn, donde lo personifica como un compañero y un espíritu provocador que lo lanzó a algunas de sus más temerarias peripecias: desde subidas a trenes nocturnos hasta viajes por la naturaleza salvaje. James Joyce, creador de novelas vanguardistas que transformaron la narrativa moderna, también confesó su devoción por el whisky.

El delta del Mississippi, donde esta bebida ha sido destilada más o menos clandestinamente, perseguida y reverenciada desde hace más de un siglo, ofrece al grandísimo William Faulkner, Premio Nobel de Literatura 1949, quien decía que durante su proceso de escritura sólo requería de papel, tabaco, comida y whiskey. Faulkner, uno de los autores más relevantes del siglo XX, y que influyó con sus libros a escritores latinoamericanos de primera línea como Juan Rulfo y Juan Carlos Onetti, era un bebedor cotidiano de whiskey. Declaró que “la civilización había comenzado con la destilación” y siempre había una botella en su escritorio de trabajo. Solía beber y escribir de noche, y tenía su propio coctel favorito, el mint julep. ¿Sus ingredientes? Una cucharada de azúcar, hielo, menta triturada y, por supuesto, whiskey (bourbon, de preferencia). El museo del autor aún conserva la taza donde Faulkner lo preparaba todos los días, junto con otros remedios de base alcohólica.

Además, el whiskey tiene música: géneros como el blues y el country se han embriagado de él para crear algunas canciones tan entrañables como obligatorias para los amantes de este líquido. El gran John Lee Hooker recordó como suele beberse en algunos bares estadounidenses en “One bourbon, one scotch, one beer”, toda una tríada sagrada para los bebedores de alto voltaje; aunque también ha atestiguado los efectos demoledores de su consumo excesivo en “Whiskey and Wimmen”, donde cuenta que demasiado bourbon, chicas y vida nocturna puede arruinar a cualquier hombre con un poco de dinero. Otras leyendas del blues como Muddy Waters o Lightnin`Hopkins han interpretado el clásico “Whiskey Blues” con todo el sabor pantanoso y nostálgico de las tierras del Delta. Frank Sinatra, el crooner de mayor fama internacional, era tan fan que se hizo enterrar con una botella de bourbon para acompañar su pasaje al otro lado de la realidad. En los bares de Nashville, una ciudad musical donde además se encuentra el Salón de la Fama del Country, es una ley no escrita beberse un buen whiskey a la salud de los montones de cantantes emergentes y callejeros que se presentan dentro y fuera de cantinas y saloons.

¿Por qué el whiskey se ha ligado a tan insignes bebedores? Sin obviar las implicaciones culturales, económicas y sociales del whiskey en la vida de tantos fieles, me atrevo a dar mi teoría. No es la única, ni la verdadera, pero me ayuda a comprender su seducción. Beber whiskey es un acto de inmersión en uno mismo. Más que un ritual grupal, exterior y conversacional como la cerveza, el whiskey va hacia adentro: el espíritu que encapsulan sus botellas nos conecta con algo profundo y creativo. Consumido sabiamente y sin excesos, el whiskey es un viaje interior que despierta recuerdos, conciencias y sobre todo, muchas historias que poblarán el papel, las guitarras y a las personas que nos rodean. Regresando al inolvidable Faulkner, quien creía que era una medicina, podemos decir: “No hay nada que un buen whiskey no pueda curar”. Cheers!