The Fitzgerald Cocktail

Por Adán Medellín @adan_medellin

Bebedor y enamorado compulsivo, el escritor más classy de la literatura estadounidense del siglo XX amó el gin rickey, un clásico de la coctelería al que homenajeó en su novela más célebre, El Gran Gatsby.

Pocas épocas ejercen una fascinación por su estilo de vida glamoroso, lleno de placeres, descubrimientos y aventuras como Los Locos Años 20. Woody Allen, maestro sentimental de generaciones de románticos conflictuados donde me incluyo, declaró su amor por esta edad dorada y optimista en “Midnight in Paris”, una película donde un joven escritor puede viajar en el tiempo a la medianoche parisina de hace un siglo, animada por la bohemia de creadores y literatos vanguardistas que revolucionaron las artes con buenas dosis de alcohol, música, vida nocturna y bailes exóticos.

Si existe un símbolo del sibarita consumado entre aquellos clásicos modernos englobados en el mote de La Generación Perdida (Hemingway, T. S. Eliot, Dos Passos, Steinbeck, Henry Miller, entre otros), es sin duda Francis Scott Fitzgerald (1896-1940). Impecablemente vestido, apuesto, encantador, refinado, exitoso y playboy antes de que la bata de Hefner revolucionara las libertades sexuales, Scott era un amante del jazz cuyas novelas y cuentos han influido notablemente en la narrativa norteamericana del siglo XX.

Fiestas cool de alto perfil, buena música, opulencia, charlas intelectuales y chicas tan guapas como trastornadas abundan en la obra de Scott. Son reflejo de la vida de un escritor obsesionado por un destilado y una mujer bella y desequilibrada que lo llevaron a un final trágico. Zelda, su esposa, pasó años en distintos internamientos psiquiátricos, mientras ella y Scott echaban por la borda el dinero de su fama en los balnearios de moda europeos y después de regreso a Norteamérica. Además de un amor con numerosos episodios de codependencia, reconciliaciones y rupturas, la pareja compartía un pacto refrescante y oscuro: su gusto por el alcohol, y particularmente, el gin.

Fitzgerald bebía mucho y bien. Había elegido ese destilado porque decía que no le dejaba un aliento alcohólico para sus múltiples compromisos. Su trago favorito, el gin rickey, había sido creado originalmente con bourbon y revolucionó los bares de la Costa Este de Estados Unidos en 1890 cuando fue potenciado por el dry gin. La receta consiste en mezclar en un vaso jaibolero lleno de hielo dos onzas de gin, media onza de jugo de lima y agua mineral.

Una preparación fácil de tres o cuatro ingredientes accesibles, con personalidad y un sabor delicioso, que puede reproducirse en cualquier parte del mundo, tal y como Dale DeGroff, uno de los padres de la mixología moderna desde la barra del mítico Rainbow Room en Nueva York, me describió el signature cocktail ideal durante una entrevista. DeGroff, motivado por el revival del gin rickey y a sugerencia de un colaborador de la revista literaria New Yorker, renombró su versión del trago en homenaje a su bebedor más emblemático. “The Fitzgerald Cocktail” resguarda el espíritu ligero y elegante de Scott con 1 1⁄2 onza de dry gin, 3⁄4 de onza de jugo de limón, 3⁄4 de onza de jarabe natural y 2 gotas de bitter de Angostura.

Ya paladeado el coctel, uno encontrará en el capítulo 7 de El Gran Gatsby, la novela más célebre de Scott, uno de los homenajes más famosos que la literatura hace al alcohol como catalizador de una situación dramática. Mientras Tom Buchanan prepara cuatro gin rickeys, el affaire entre Jay Gatsby y Daisy, la mujer de Tom, volverá a activarse cuando ella le declare su amor y ambos se besen sin que el esposo lo note, para calentar los motores de la tragedia.

Pero antes de que la oscuridad ocurra, Gatsby respirará aliviado por la tensión del momento cuando ve llegar su gin rickey de manos de un marido celoso que empieza a sospechar del engaño. “Se ven frescos”, dirá alabando el vaso y lo beberá impaciente a grandes tragos, tal y como lo hizo Fitzgerald con cada botella de gin, con el amor implacable y destructivo de Zelda, con el dinero, la celebridad, el talento, Hollywood y todas las cosas brillantes que tuvo en su vida.