GUILLERMO YSUSI

Por Martín Ángeles

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Además de escribir sobre el ritmo de vida restaurantero de la ciudad de México en su columna Sibarita del diario El Financiero, Guillermo Ysusi tiene un empleo que cualquier amante de la cerveza envidia, es sommelier de la asociación Cerveceros de México.

El mundo de la levadura, los granos fermentados y demás ingredientes que componen la bebida refrescante más consumida en el mundo es muy extenso y de entre los más de 100 estilos de cerveza que hay en el mundo, Ysusi no es capaz de decidir por su favorita. “Depende de la temporada del año, incluso tengo una favorita según el estilo, la época en que se produjo, incluso la nacionalidad. Nunca sé qué responder cuando me preguntan eso”, afirma el joven mexicano.

Guillermo inició en el negocio de la cerveza como importador y distribuidor de algunas marcas de las que él se declara fiel seguidor, pero antes no tenía mucho interés por ellas, sino por el vino. Ahora está certificado por el Siebel Institute of Technology, la escuela de fermentación más antigua en América y por el programa Cicerone.

“Empecé en esto hace unos 4 años, primero como seguidor de buenos vinos hasta que me topé con cervezas. Hace unos dos años empecé a importar y distribuir cervezas, pero la parte más divertida son las catas y maridajes y poder transmitir más la cultura cervecera que tanta falta hace. Pero creo que ser sommelier sí es uno de los mejores trabajos del mundo”.

Reconoce que lo único complicado es mantenerse al día, que probar nuevas cervezas implica olvidar las primeras que se probaron, memorizar nombres, etiquetas,

cervecerías, pero ya cualquiera de nosotros querría ese tipo de preocupaciones, que sí superan las labores informativas que representa colocar en el mercado los productos que bebemos cada fin de semana.

“Empecé a importar más por afición que por visiones de negocio, una marca que se llama Mikkeller, considerada desde entonces una de las mejores microcervecerías del mundo, son cervezas muy experimentales, explosivas en sabor y más caras de lo que una artesanal promedio”, confiesa Guillermo.

Guillermo estudió Ciencia Política, pero el mundo cervecero lo atrapó gracias a casas productoras como las británicas Thornbridge y Robinsons, ésta última es la productora de una muy famosa no sólo en México sino en el mundo, la cerveza Iron Maiden, inspirada por el mítico grupo de rock inglés que lleva ese nombre.

De acuerdo con Cerveceros de México, las espumosas mexicanas ya tienen presencia en más de 180 países, lo que convierte a nuestra nación como la mayor exportadora, sin embargo, para Guillermo Ysusi ingresar a ese mercado, aunque generoso, sigue sin ser un gran negocio.

“La cerveza en general es buen negocio, pero la cerveza artesanal no estoy tan seguro que sea tan bueno. Son pocas las cervecerías que han llevado su trabajo más allá de una pasión, hay un crecimiento desordenado; aparecen cervecerías que no duran mucho tiempo, que a veces no las encuentras o que un día saben a una cosa y después a otra. No tenemos un mercado maduro en México, se puede, pero requiere mucha paciencia, inversión y tiempo. La cerveza no necesariamente es una mina de oro”, concluye.

”Hace falta cultura cervecera, que la gente sepa con qué acompañarla, por qué se debe de servir en un vaso, en qué vaso. Las catas y maridajes para poder divulgar esa información es de lo que más me divierte.”