RUTA DE LOS CENOTES

Por Velma Mayén

 

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Estas pozas naturales fueron si­tios de veneración y culto para los mayas. En la península de Yucatán existen más de dos mil 500 cenotes; algunos todavía inexplo­rados y otros, aún ocultos entre la selva. Pero la travesía por la ruta de los cenotes de Quintana Roo se extiende por unos 20 kilómetros.

 

RÍO SECRETO

La travesía inicia en Río Secreto, ubicado a 10 Km al suroeste de Playa del Carmen, por la carretera Cancún-Tulum. El lugar, conocido por los mayas como Pool Tu­nich, es un sistema de cuevas semi inun­dadas que forman parte del sistema de ríos subterráneos más grande del mundo y representa el inframundo maya.

Comenzamos la expedición en un sendero de arena blanca que se abre paso entre la vegetación. Ahí, en medio de la selva se ve un gran agujero, es la puerta de entrada a universo subterráneo. Para descubrirlo es necesario colocarse el equipo que propor­cionan los guías: casco con lámpara, traje de neopreno, zapatos especiales para el agua y chaleco salvavidas. Adentro, todo es obscuridad, no hay ninguna entrada que permita el paso de la luz natural, pa­rece que el tiempo se detuvo aquí y sólo hay pequeños invertebrados transparen­tes y ciegos que se han adaptado a vivir en completa oscuridad.

Conforme nos adentramos, comienza el espectáculo que proporcionan miles de estalactitas, estalagmitas, columnas, corti­nas y cascadas petrificadas; es un paisaje único en el que sólo se escuchan las gotas del agua que se filtran entre la roca y de vez en cuando, se siente el aleteo de los mur­ciélagos que habitan aquí. Dentro se ve el fondo del lecho marino petrificado hace 2 millones de años. En las paredes también se pueden ver fósiles y corales muertos.

Para continuar el recorrido hay que su­mergirse en las pozas cristalinas del inte­rior, donde habitan peces gato y algunos crustáceos, todos ciegos. Luego de dos ho­ras en total oscuridad llegamos a la super­ficie donde nos reciben los sonidos de la selva y los rayos de sol que se cuelan entre las copas de los árboles.

 

PUNTA VENADO

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La reserva abarca 834 hectáreas de selva y 6 kilómetros de playas vírgenes y blancas con aguas color turquesa, enmarcadas por la bahía de In-ha, (que significa “Mi casa”) y por el arrecife de coral. Ocultos entre la vegetación también hay 36 cenotes y 40 cavernas, aunque sólo uno está abierto al público.

Aquí se localiza una antigua hacienda ga­nadera que fue productora de aceite de coco y chicle natural. Sin embargo, con la llegada del chicle sintético, la economía cayó y se mantuvo con la cría de ganado. Hace 12 años abrió sus puertas al público y ofrece recorridos a caballo y en cuatri­moto por la playa.

Los caballerangos nos proporcionan un potro y comenzamos el paseo. La expe­riencia es única y muy placentera, durante una hora y media nos adentramos por los senderos que se abren paso entre la vege­tación de la costa. Nos acompaña siempre el sonido de las olas y la brisa marina.

 

PUNTA LAGUNA

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Es una de las once comunidades mayas que se encuentran alrededor del área de protección de flora y fauna Otoch Ma’ ax Yetel Kooh, la casa del mono y del puma.

Este santuario forma parte de un corredor de selvas ubicadas dentro del complejo de lagunas y cenotes. Alberga 222 especies de flora, 215 de aves y 44 de reptiles. Además es hogar del jaguar, el tigrillo y el mono araña, en toda el área habitan al menos 800 de ellos.

Se localiza en los límites de Quintana Roo, pero la administración del lugar está a cargo del ejido Valladolid, Yucatán. En esta selva abunda el árbol del Pitch o Huacanaxtle, el preferido de los monos araña. Para internarse en la selva es nece­sario contratar un guía, quien se encarga de buscar a la familia de monos salvajes que habitan en este territorio, pero no es tan fácil verlos pues se mueven constante­mente en busca de frutos maduros. Avan­zamos por los senderos. Para llamarlos el guía imita los sonidos que producen pero no tenemos suerte. Nos adentramos en la selva y la adrenalina recorre el cuerpo, se escucha el canto de las aves, el crujir de las hojas, el sonido de las ramas golpeadas por el viento y una sensación de libertad invade el cuerpo. Después de dos horas llegamos a la laguna.

Es aquí donde vemos a los primeros monos, son los machos do­minantes los que avanzan primero para proteger a las hembras y a las crías. Son sólo instantes que se alargan al contem­plarlos en libertad. Nos despide una brisa suave y el último llamado de los machos a sus hembras.

Antes de partir, un chamán maya nos es­pera para realizar una ceremonia de pu­rificación y limpiar nuestra alma de los espíritus que habitan en la selva.

www.puntalaguna.com.mx

 

TAMPKACH-HA

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A 12 kilómetros en el mismo ejido están Tampkach- ha, Choo-ha y Multum-ha. An­tes de entrar hay que bañarse para elimi­nar todos los químicos del cuerpo como bloqueadores, desodorantes, geles, cre­mas, maquillajes, perfume y sudor, ya que sus compuestos contaminan en lugar.

Tampkach-ha significa “agua profunda”, es un enigmático cenote cerrado al que se llega por medio de una escalera de made­ra de 18 metros de altura. Adentro, el aire es denso pero agradable. La coloración turquesa de sus aguas atrapa las miradas. Sumergirse en ellas es como flotar en el aire. Desde la superficie se pueden admi­rar las formaciones rocosas que crecen en el fondo, aunque si te sujetas de la cuerda que está al centro puedes admirar las es­talactitas que crecen en la bóveda o techo del cenote.

 

MULTUN-HA

Multum-ha en maya significa “Piedras juntas bajo el agua”. Se trata de un ceno­te cerrado de 35 metros de profundidad y 30 metros de diámetro. Era utilizado por los mayas como fuente de agua. Para po­der adentrarse en él se debe bajar por una escalera de madera en forma de caracol, de 30 metros de altura. El interior de este inmenso pozo es muy obscuro, por lo que se colocó una luz tenue. Sus aguas son frescas, completamente cristalinas, teñi­das de un color turquesa intenso. Aquí, también se pueden apreciar diversas for­maciones rocosas. Debido a los minerales que forman todo su universo acuático, las paredes y las rocas son amarillas. Puedes flotar plácidamente, nadar o sujetarte de la cuerda de seguridad y relajarte para contemplar su majestuosidad.

 

CENOTE CAR WASH

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Es un cenote abierto de aguas azuladas y de muy fácil acceso. La parte más profun­da mide entre 28 y 30 metros y en la parte baja, 8 y 10 metros de profundidad. Es uno de los preferidos de los amantes del buceo, ya que posee algunas cuevas subterráneas que se conectan con el mar, con amplias galerías, como el cuarto de las lágrimas.

También se puede practicar esnórquel y natación. Desde la superficie se puede ad­mirar todo un mundo subacuático, desde algas, hasta peces multicolores. Es apto sólo para buzos experimentados.

 

AKTUN CHEN

Aprovechamos los primeros rayos de sol para viajar a Aktunchen, localizado a 40 kilómetros de Playa del Carmen. Hay que recorrer un sendero de arena blanca don­de abundan los árboles de chicle, zapote y otras especies medicinales. Aktunchen, que significa “cueva cenote” es una reserva natural, donde habitan más de 25 especies de víboras y serpientes como boas, de cas­cabel, coralillos, serpientes voladoras, ti­grillos, ocelotes, tucanes, pericos, venados y pecaríes, monos araña, entre otros.

El sitio alberga una cueva formada hace cinco millones de años, su interior tiene cientos de galerías adornadas con miles de estalactitas y estalagmitas, es una cue­va seca pero debido a la filtración de la marea, en ocasiones se llena de agua. Re­corremos 615 metros a través de las entra­ñas de la tierra. El espectáculo es único, la vista se maravilla ante su esplendor. Final­mente llegamos a un cenote subterráneo de agua dulce donde revolotean algunos murciélagos al contacto con la luz de nuestras lámparas. El escenario parece sa­lido de una película de ciencia ficción, las formaciones rocosas que se reflejan en el agua, se confunden con el fondo acuático. Al centro, la profundidad es de 8 metros y en su parte más alta, llega a medir hasta 35 o 40 metros.

Aquí está prohibido nadar pues sus aguas son ricas en minerales que continúan mol­deando estas formaciones y si se altera el PH, el proceso terminaría. Sin embargo, se puede atravesar por un puente de madera que también funciona como mirador. Es un sitio tan místico y silencioso, ideal para relajarse o meditar.

Dejé la zona del Mayab (como le dicen los mayas) con una sensación de libertad infi­nita y la memoria de mi cámara llena de paisajes y lugares sublimes a los que pronto regresaré.