TABASCO | ESCAPADA TROPICAL

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Por: Elizabeth Santana @ElixMorgana

Cuando pisé Tabasco nunca pensé en las dimensiones de su territorio, ni en la riqueza de sus ecosistemas o en la paz que sus zonas arqueológicas te dan, tampoco imaginé que culminaría con la mayor cantidad de piquetes de mosco en mi vida, ni mucho menos que regresaría con crema y jabón de chocolate para mi cuidado personal. Tabasco, pese a ser la cuna del cacao para el mundo, es mucho más.

Inicié mi recorrido por el municipio de Tacotalpa, en la región del río Grijalva y en la subregión de la Sierra. Ahí se encuentra Kolem Jaá, un centro ecoturístico en el que puedes acampar, practicar senderismo, tirolesa y rappel exterior y en cueva. Para llegar a él tienes que cruzar el río Oxolotán (110 metros de profundidad), ellos van por ti en una lancha, y menos de 10 minutos bastan para estar maravillados: pozas naturales con agua de azufre, bosques de bambú y cascadas de agua dulce son algunas de las bellezas naturales.

Un restaurante, un salón, área de campamento (con regaderas y sanitarios) y cabañas forman parte de la infraestructura. La fauna es extensa. Existen, por ejemplo, serpientes coralillos y reales, armadillos, tepezcuintles y conejos. Mientras que en flora es común ver flores del paraíso, hawaiana, heliconias, flor de escalera y bastón de rey. A los alrededores de este sitio mucha gente se dedica al cultivo de café y cacao. En su mayoría, los visitantes de Kolem Jaá son extranjeros, llegan de Brasil, Austria, Bélgica y Alemania.

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GASTRONOMÍA MAYA-CHONTAL

Las tortillas las realiza Esmeralda, una mujer de 52 años de edad, oriunda de Comalcalco, desde que existe Cocina Chontal, un proyecto que encabeza Nelly, cocinera tradicional de la región, y que abre las puertas de su comedor (una casa de más de 70 años) de miércoles a domingo. Guajolote (de crianza local), estofado y puchero con carne de res, cola de cerdo enchilada, picadillo, cangrejo al petróleo o al chirmol, y enchiladas, son algunos de los guisos que se preparan en este lugar. Y el chipilín, chaya, calabaza, chayote, elote, macal, malanga y yuca, son verduras que los complementan.

Para el fogón de la cocina es indispensable hasta conocer de maderas, pues éstas pueden incidir en el sabor durante la cocción de la comida. Pero lo más particular que tiene este sitio es el sabor de sus tortillas, pues las hay de chipilín, de chaya, de pan de sopa, de plátano bruto o macho, de yuca, de malanga, o de elote tierno. “Es lo que una quiera ponerle a la masa, cosas naturales de aquí. Nosotras no usamos Maseca, sólo maíz”, dice Esmeralda.

“A mí me puede faltar todo en la cocina, pero si se me pierde el achiote, ahí se bloquea todo mi mundo, porque este ingrediente lo lleva el picadillo, el horneado, el estofado, lo lleva una infinidad de guisados. El otro indispensable, es la chaya, especias como el laurel, y el sofrito tabasqueño que es casi base de todas las comidas. Todo lo anterior, es indispensable en mi cocina y la comida maya- chontal”, platica Nelly. De ahí que pensar que Tabasco es solo Pejelagarto es un error, aunque bien, es el alimento que ha representado a los tabasqueños por mucho tiempo.

ARQUEOLOGÍA: OLMECA Y MAYA

El Parque Museo de La Venta existe gracias al rescate de piezas arqueológicas que hizo el poeta tabasqueño Carlos Pellicer Cámara, de la zona arqueológica de La Venta; el principal centro ceremonial y poblacional de la cultura olmeca. En él, puedes ver más de una cabeza olmeca, todas ellas, correspondientes a distintas edades o gremios, así como estelas y la reproducción de un cementerio olmeca. En el trayecto puedes observar algunos animales en cautiverio, cruzar un puente colgante y observar la Laguna de las Ilusiones, esto en Villahermosa, Tabasco.

Otro punto arqueológico imperdible al visitar Tabasco, es la zona arqueológica de Comalcalco, un centro ceremonial maya del que arquitectónicamente se destaca el uso de ladrillos de adobe cocido en vez de piedras, y el uso de conchas de mar. En él, aún se aprecian relieves con escenas, entre las que, para mí, destaca la de un sacrificio. El paisaje no tiene igual al de otras zonas arqueológicas, y si te atreves a subir a lo más alto de sus pirámides obtienes una sublime vista panorámica.

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LA RUTA DEL CHOCOLATE

Tabasco cuenta turísticamente con la denominada Ruta del Cacao, y aunque oficialmente el gobierno del estado promueve dentro de ella ciertos puntos estratégicos, la riqueza del fruto a lo largo y ancho de la entidad es tal que sería imposible aglutinar a todos los que forman parte de su cadena productiva, es decir, desde la siembra, cosecha, pelado, fermentado, secado, tostado, descascarillado, y molido, para que lo veamos como el producto final que es: Chocolate.

Sin embargo, desde hace seis años, en Tabasco se celebra el Festival del Chocolate, evento que busca promover la tradición del cacao criollo (puesto que hay distintos tipos de cacao) con un enfoque que aborde la dimensión cultural, antropológica, histórica, social, económica y prehispánica. La séptima edición se realiza en noviembre y ofrecerá una exposición de productos elaborados con cacao (en los que incluso encuentras shampoo, jabones y crema de chocolate), muestras culturales, talleres y conferencias magistrales.

Pero si lo que buscas es acceder a un sembradío de cacao, y conocer en vivo el proceso de un chocolate auténtico y orgánico, lo ideal es visitar Hacienda La Luz, en Comalcalco; Finca Cholula, en Comalcalco; Hacienda Jesús María, en Comalcalco; y Drupa, en Cunduacán. Manuel Antonio, productor de cacao, contextualiza que este fruto siempre ha sido una fuente de empleo, que en su momento fue desfasado por la ganadería y el petróleo. “Hay que recuperar al campo. Hasta un 70% de la producción de Comalcalco se dedica al cacao”. Y canta, “rucu rucu cucu hace el chocolate cuando se bate, cau cau cau, toda la chontal tomando cacao”.

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